Para Katharina Grosse, una pintura es simplemente una pantalla entre el artista y el espectador en la que ambos pueden observar procesos de pensamiento desde diferentes ángulos y momentos. Ella suele realizarlas in situ allí donde expone, rociando el color directamente sobre arquitecturas, interiores y paisajes y abrazando los eventos e incidentes que surgen mientras las lleva a cabo, buscando abrir superficies y espacios al mayor número posible de experiencias perceptivas. Además, al utilizar pistola en lugar de pincel, distancia el acto artístico de la mano e incide en el rol del gesto.
Nacida en Freiberg im Breisgau a inicios de los sesenta, Grosse comenzó a pintar a temprana edad, atenta a la forma en que el color y la luz podían consolidarse como derivaciones de la mente. En sus obras sobre lienzo de los noventa, yuxtapuso tonalidades de diversas densidades y gamas, repitiendo pinceladas verticales y transparentes; su siguiente paso sería trabajar directamente sobre la pared, revistiendo pasillos y escaleras con sublimes campos de color artificial. Realizó su primera obra utilizando esta técnica, un monocromo, en la Kunsthalle Bern suiza en 1998, pintando con aerosol la esquina superior de una sala con un verde intenso que extendió parcialmente por dos paredes adyacentes y hasta el techo.
En ese mismo periodo y a principios de los 2000, Grosse combinó las vetas entrelazadas de obras anteriores con las formas y brumas similares a nubes que le permitía desplegar la pistola de aerosol. Estas composiciones específicas aumentaron de escala a medida que la artista exploraba la fluidez y el amplio alcance del medio: en 2004, en el Museo de Arte Contemporáneo de Houston, roció con pintura el interior de la galería, así como ropa, papeles, huevos y monedas esparcidos por el suelo; y en 2005, en el Palais de Tokyo de París, colgó dos enormes lienzos en la pared: uno ya pintado y otro en blanco. Pintó este último in situ, al igual que la pared donde colgaba y, a continuación, descolgó el lienzo pintado y lo apoyó contra la pared en el suelo, dejando un rectángulo en blanco.
Para Grosse, no existen distinciones entre pintura, escultura y arquitectura: todo es pintura. Además de desenvolverse sobre lienzos y sobre materiales encontrados, edificios y árboles, también ha ideado grandes esculturas de poliuretano, poliestireno expandido y metal fundido que actúan como armazones abstractos para sus pinturas.
En sus exhibiciones más recientes, siempre planteadas específicamente para el lugar donde se exponen, ha incorporado telas pintadas que cuelgan del techo y se extienden hasta el suelo, añadiendo así nuevas dimensiones a sus pinturas de por sí inmersivas.
Katharina Grosse. Arrels, 2026. Cortesía de Es Baluard Museu. Fotografía: Bruno Daureo. © de la obra, Katharina Grosse, VEGAP, Illes Balears, 2026
Katharina Grosse. Arrels, 2026. Cortesía de Es Baluard Museu. Fotografía: Bruno Daureo. © de la obra, Katharina Grosse, VEGAP, Illes Balears, 2026
Un edificio gótico, balear y del siglo XV, es la sede del último de sus experimentos: la Llotja de Palma acoge ya “Arrels”, un proyecto comisariado por David Barro, actual director de Es Baluard Museu, en el que además de quebrarse las barreras entre disciplinas creativas se diluyen las que separan interiores y exteriores, suelos y paredes, volúmenes y superficies lisas.
Parafraseando a Grosse, todo es pintura. Dado que este centro, por razones patrimoniales, no puede ser intervenido físicamente, ella ha decidido convertirlo en paisaje: ha dispuesto montículos de tierra y un gran árbol arrancado, parcialmente enterrado, cuyas raíces, manipuladas para extenderse en el espacio, sugieren dramatismo. Todo el conjunto, la tierra, el árbol y el suelo cubierto, ha sido pintado, de manera que aquí la naturaleza deviene pigmento y la pintura se convierte en una suerte de naturaleza domesticada.
Precisamente el hecho de que la Llotja mallorquina no pueda modificarse en sus estructuras, y su función original como lugar de intercambio comercial, permeable y abierto, permiten que Arrels establezca una relación particularmente distinta con su arquitectura respecto a la que es posible apreciar en el cubo blanco de los museos de arte contemporáneo. Para la alemana, el contenedor y la obra son completamente una misma cosa, accesibles desde todos los lados. Es casi como si algo estuviera dentro de algo dentro de algo. Este desdoblamiento me resulta interesante. No creo haberlo mostrado nunca con tanta claridad.
Además de activar el edificio desde dentro, y sin tocarlo, su propuesta ahonda en los elementos que son raíz de la pintura: el color, la escala y la composición.
Los próximos pasos de Grosse la llevarán a Oslo: en septiembre, inaugurará en su Museo Munch “Black Bed”, una reinterpretación de una de sus primeras obras importantes – Das Bett (2004), en la que pintó con spray su dormitorio en Düsseldorf- y un compendio de las piezas en las que ha trabajado últimamente, justamente en la capital noruega.
Katharina Grosse. Arrels, 2026. Cortesía de Es Baluard Museu. Fotografía: Bruno Daureo. © de la obra, Katharina Grosse, VEGAP, Illes Balears, 2026
Katharina Grosse. Arrels, 2026. Cortesía de Es Baluard Museu. Fotografía: Bruno Daureo. © de la obra, Katharina Grosse, VEGAP, Illes Balears, 2026
Katharina Grosse. Arrels, 2026. Cortesía de Es Baluard Museu. Fotografía: Bruno Daureo. © de la obra, Katharina Grosse, VEGAP, Illes Balears, 2026
Katharina Grosse. Arrels, 2026. Cortesía de Es Baluard Museu. Fotografía: Bruno Daureo. © de la obra, Katharina Grosse, VEGAP, Illes Balears, 2026
Katharina Grosse. «Arrels»
LA LLOTJA
Plaça de la Llotja, 5
Palma
Del 28 de mayo de 2026 al 31 de enero de 2027
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