Gracias a la maestría en su oficio, el joven creador
textil Osvaldo Güineo Obando (30) ganó su tercer Sello de Excelencia a la
Artesanía desde que hace siete años decidió dedicarse por entero al trabajo en
kelgwo –tradicional telar mapuche williche que se ancla horizontalmente al
suelo y en el cual se teje de rodillas– en la Isla Cailín, comuna de Quellón,
donde nació y hasta hoy vive junto a su madre, Mónica, cultivando la tierra,
criando animales, mariscando e hilando la lana de sus ovejas.
Este galardón lo entrega desde 2008 el Comité Nacional
de Artesanía, que integran el Ministerio de las Culturas, las Artes y el
Patrimonio y la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica de
Chile, con patrocinio de la Oficina Unesco en Santiago y el Consejo Mundial de
Artesanía Latinoamérica.
Su objetivo es distinguir al artesanado nacional bajo
criterios de calidad, respeto al medioambiente, innovación, autenticidad y
potencial comercial.
Este año fueron premiadas 8 obras de un total de 228
postulaciones, en un acto que se realizó en la Biblioteca Nacional de Santiago
y que fue encabezado por la ministra de las Culturas, las Artes y el
Patrimonio, Carolina Arredondo. Además de Güineo, también obtuvieron el Sello
Luis Vidal, María Currivil, Nelson Castillo, Andrea Quintullanca, David
Quitral, Manuel Villagra y Esteban Sánchez.
Usuario del Instituto de Desarrollo Agropecuario
(Indap) y con dos Sellos de Excelencia a su haber (en 2021 con “Chiloé en
Color” y en 2022 con “Etnomatemática, Cauchahue”, dos ponchos en que conjuga la
tradición con su imaginario), Güineo fue reconocido este año por “Cubismo
Textil”, una frazada con tres tramas, técnica que se usaba para hacer las
típicas cobijas blancas chilotas y que después fueron evolucionando a las de
cuadros y con motivos de flores, para hacerlas más vistosas.
“Es una pieza 100% utilizable y su diseño es como la
esquina de una frazada, un cuarto de ella, con cuadros que representan un
megapixel de una flor.
La obra busca que quien la observe se imagine el resto
de la frazada, los tres cuartos que faltan, y surgió con doble inspiración:
porque me gusta lo cuadrado y por una residencia que hice con la artista
Josefina Gillisasti en Coyhaique, donde nació la idea de aplicar colores,
tintes naturales de barro, maqui, chilca y pello-pello.
El hilado me tomó un mes y la confección, una semana”,
comenta sobre su obra.
Santiago Rojas, director nacional de Indap, celebró
este gran logro de Güineo y, junto con resaltar la importancia de preservar
nuestras tradiciones artesanales, destacó que la institución brinda a los
usuarios de este rubro apoyos en asesoría, capacitación, inversiones y
comercialización.
“Lo mejor es seguir viviendo en el campo”
Hijo de un buzo y de una dueña de casa y agricultora,
este joven millennial, observador y reflexivo, sintió la fascinación por la
artesanía textil a los 14 años, tras asistir un taller de rescate cultural en
su escuela de Quellón.
Así comenzó a hilar y a tejer en forma autodidacta en
un telar que él mismo se fabricó. Luego heredó un kelgwo de una artesana de la
zona, fue puliendo su técnica, innovando, y aprendió a realizar teñidos
naturales, siempre en conexión con sus raíces y su entorno.
La calidad de su trabajo le valió también menciones
honrosas del Sello Artesanía Indígena en 2019, con “Poncho Chilote”, en 2021
con “Faja de Isla Cailín” y en 2023, obtuvo la máxima distinción en este
concurso con “Frazada Punto Ojo de Guanaco”.
Sobre este premiado transitar por la creación
artesanal, afirma que “para mí ha sido una evolución constante, en que he
pasado del uso de mucho color a piezas más minimalistas y opacas.
Mi motor es que siempre estoy en búsqueda de la
perfección visual y nunca quedo del todo conforme, por eso se producen los
saltos en mis diseños, la innovación permanente. Lo mejor que me ha pasado es
que he podido seguir viviendo en el campo, donde están mi zona de confort y mi
felicidad, y he conocido y viajado mucho impartiendo talleres”.
Durante los últimos años Güineo ha participado en
seminarios, exposiciones y cursos para divulgar su trabajo, otro de sus
intereses.
“La base de tejer en kelgwo es hacer un rescate y una
promoción de las técnicas que existen en Chiloé, que hoy solo usan personas
adultas mayores y están en riesgo de desaparecer.
Lamentablemente no hay jóvenes interesados, porque el
oficio y lo indígena están precarizados y si una persona no es conocida no
puede vivir de esto”.



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