junio 23, 2026

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Orquesta y Coro Sinfónico Usach exploran el universo de Johannes Brahms

 

En 1876, Johannes
Brahms (1833-1897) cerró uno de los capítulos más intrincados de su
biografía. Era una época en la que ya había alcanzado cumbres creativas con
el Réquiem alemán y su primer concierto para piano, pero no lograba
terminar su primera sinfonía.

Ahogado entre la autocrítica y
quienes lo apuntaban como el gran heredero de Ludwig van Beethoven, tardó más
de 20 años en escribirla. Cuando por fin se estrenó, a finales de ese año en la
ciudad alemana de Karlsruhe, fue un desahogo: la década siguiente le
bastó para escribir otras tres sinfonías.

Un siglo y medio después,
la Sinfonía nº 1 en do menor, Op. 68 es una de las obras más célebres
de Brahms, a quien estará completamente dedicado el sexto programa de
la temporada 2026 de la Orquesta Usach, titulado El destino de
Karlsruhe.

Dirigida por Rodolfo
Fischer, la agrupación abordará esa Primera sinfonía y
la Canción del destino, Op. 54, que también tendrá sobre el escenario al
Coro Sinfónico Usach, que conduce Andrés Bahamondes. El
concierto se realizará el miércoles 1 de julio (19:30 horas) en
el Teatro Aula Magna Usach y las entradas gratuitas ya están disponibles en Portaltickets.

“Es una sinfonía que tiene
absolutamente todos los colores, desde lo más luminoso y radiante hasta algo
muy trágico, probablemente porque su concepción fue tan larga. Es como un río
que arrastra muchas piedras”, dice Fischer, reciente ganador del Premio
a la Música Nacional Presidente de la República y uno de los directores
chilenos más respetados de la actualidad.

Vive en Suiza, donde enseña en
la Academia de Música de Basilea, y ha desarrollado una vasta trayectoria que
contempla trabajos en gran parte de Latinoamérica, así como en Europa y
Oceanía.

 Ese camino lo ha llevado
a dirigir las cuatro sinfonías de Brahms en diversas ocasiones, pero
esta será la primera vez que interpretará la Canción del destino.
Estrenada en 1871 y también en Karlsruhe, la obra se estructura en
tres movimientos y está basada en un texto del poeta alemán Friedrich
Hölderlin (1770-1843).

“De hecho, es un momento en
que Brahms estaba trabajando en su primera sinfonía y en
el Réquiem alemán. Él hizo muchos trabajos de laboratorio, todo un estudio
de la orquesta, y cuando ya había explorado las dificultades que significa sostener
un edificio como una sinfonía, lanzó la primera”, relata el actual director de
la Orquesta de Cámara de Valdivia (OCV).

En ambas partituras prima un
“idioma brahmsiano”, agrega el director: “Hay una sensación de bienestar
instrumental, en el sentido de que cada voz le da su máximo rendimiento a los
instrumentos y no en los temas principales, sino en los secundarios.

Si pudieras extraer una de
esas segundas o terceras voces, podrías transformarlas en la voz principal de
otro compositor. Ese nivel de arquitectura interna provoca una sensación de
bienestar en la orquesta”, detalla. “En el caso de la sinfonía, es una obra
viva que va a estar siempre en un museo, es como una exposición permanente”,
concluye.

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