mayo 11, 2026

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el Prado restaura el trozo de pintura más asombroso

Velázquez. Pablo de Valladolid (después de la restauración), hacia 1635. Museo Nacional del Prado

Madrid,

En los últimos años, el Museo del Prado viene llevando a cabo un extenso proyecto de restauración de varias obras de Velázquez sobre las que no se había intervenido desde que se emprendiera otra gran campaña con esos fines en la década de los ochenta, como los retratos de Felipe IV e Isabel de Borbón a caballo.

Este programa, desarrollado con el patrocinio de la Fundación Iberdrola España, busca asegurar la conservación de estas composiciones y devolverles, en lo posible, los valores estéticos y expresivos que manejó el artista sevillano.

El trabajo ahora restaurado, un retrato del bufón Pablo de Valladolid que debía decorar el Palacio del Buen Retiro y se fecha hacia 1632-1637, ha sido especialmente valorado por artistas e historiadores del arte: Manet, gran admirador de su autor, se refirió a él como el cuadro más asombroso jamás pintado y bajo su influencia ideó su Pífano.

En esta obra, Velázquez prescinde de referencias arquitectónicas o paisajísticas y diseña el espacio solamente a partir del cuerpo del bufón, la sombra que su figura proyecta y el aire que lo rodea. Se trata de una solución muy adelantada a su tiempo, en la que el modelo se convierte en el eje absoluto de la composición y explica la fuerte sensación de presencia y tridimensionalidad que transmite la tela.

Aunque su estado de conservación es bueno, la pieza presentaba intervenciones históricas que habían modificado nuestra percepción de la relación entre la figura y su entorno, como decimos característica esencial de esta imagen. Ya en el siglo XVIII, la escena se amplió mediante la adición de bandas de tela en ambos laterales y en el borde inferior, mientras que el superior se limitó a un desdoblamiento del perímetro claveteado al bastidor.

Asimismo, en intervenciones más recientes se han aplicado repintes cuyos tonos, en el paso de las décadas, no se han mantenido estables y han afectado al equilibrio cromático del conjunto.

Velázquez. Pablo de Valladolid (después de la restauración), hacia 1635. Museo Nacional del Prado
Velázquez. Pablo de Valladolid (después de la restauración), hacia 1635. Museo Nacional del Prado

Esta última restauración que hoy se ha presentado, efectuada por María Álvarez-Garcillán, ha pretendido justamente restituir las dimensiones originales del lienzo. Se ha decidido conservar las bandas añadidas, por su interés histórico, pero ocultándolas bajo el nuevo marco con el que se ha dotado a la obra mediante un sistema de cajeado interno. Esa solución, no invasiva, posibilita mostrar al público sólo la superficie pintada por Velázquez, alcanzándose una visión muy cercana a la original.

Se ha llevado a cabo una nueva radiografía con equipos de última generación que ha resultado esencial para establecer con precisión las dimensiones originales del retrato y estudiar sus ampliaciones. Su estudio y tratamiento mediante el software Aracne han permitido determinar que las tres bandas cosidas al lienzo original proceden del mismo paño de tela y fueron incorporadas en un único momento.

Asimismo, la aplicación de técnicas avanzadas de reflectografía infrarroja ha ampliado de manera importante el conocimiento del proceso creativo de Velázquez. A diferencia de los análisis previos, basados en una única longitud de onda, la utilización de nuevas cámaras ha permitido investigar más de una docena de rangos y ha revelado un dibujo subyacente elaborado con pincel y a mano alzada, espontáneo y de calidad, con muchas correcciones y ajustes compositivos.

Estas técnicas han resultado, igualmente, importantes para la detección de los citados repintes; esos retoques han sido eliminados durante la restauración. Además, la intervención ha permitido revisar los estudios de pigmentos elaborados con anterioridad y confirmar que la imprimación del lienzo es muy sencilla y está compuesta sobre todo por blanco de plomo, una característica propia de este periodo en la trayectoria de Velázquez, muy evidente en sus pinturas para el Palacio del Buen Retiro.

El estudio de los pigmentos ha aportado, del mismo modo, información interesante sobre los negros profundos del traje del bufón, logrados mediante una combinación de negro de humo y negro carbón, los dos de tonalidad azulada.

En definitiva, esta restauración ha contribuido a que el espectador pueda apreciar mejor el vigor conceptual y visual de Pablo de Valladolid y también profundizar en los procesos creativos de Velázquez.

Imagen del Pablo de Valladolid en las salas del Museo. Fotografía: © Museo Nacional del Prado.
Imagen del Pablo de Valladolid en las salas del Museo. Fotografía: © Museo Nacional del Prado.

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