En la primera mitad de este año, el Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM presentó en sus salas el proyecto «A media lumbre», comisariado por su directora Blanca de la Torre, que subraya las posibilidades de la apertura del arte contemporáneo hacia técnicas y materiales ligados a la tradición y a la tierra y tenidos hasta hace unas décadas por subalternos, como la cerámica, el barro, la lana, los textiles, los bordados, el esparto, la palma, el mimbre y otras fibras naturales; también los sonidos y los silencios, la oralidad como vehículo de memoria asociada a aquellos filandones, las reuniones nocturnas en torno al llar, esas labores manuales en torno al fuego.
Estos oficios y saberes, ligados a lo material o lo inmaterial, parten de saberes no hegemónicos abiertos a lo popular y lo afectivo y, por tanto, proyectos como éste pueden enriquecerse con lecturas diversas en función del escenario donde se presenten. Hasta el próximo octubre, albergan «A media lumbre» diversos espacios mallorquines (Es Baluard Museu, Sa Refinadora y Casal Solleric) y posteriormente, entre octubre y diciembre, lo harán el CDAN de Huesca y el Museu Terra de L´Espluga de Francolí, en Tarragona; en cada caso, una parte de los participantes procederán o trabajarán en unas y otras regiones.
De nuevo bajo el comisariado de De la Torre, y en el marco de la llamada Biennal B, esta exhibición nos invita a acercarnos a la artesanía sin nostalgia: más bien adoptando una perspectiva crítica y desprejuiciada que nos permita contemplarla como fuente de conocimiento conectada tanto con las mismas materias naturales como con el tiempo y el cuerpo humano; la lana, el barro, el vidrio o la palma no son simplemente soportes ni medios expresivos, sino elementos portadores de significados y de historia.
Es Baluard Museu ofrece trabajos de Ricardo Calero, Andrea Canepa, Tonina Crespí, Julie C. Fortier, Teresa Lanceta, Lucía Loren -que despliega intervenciones específicas en sus terrazas-, Teresa Matas, Lara Ordóñez, Nuria Riaza, Belén Rodríguez y Cecilia Vicuña, en muchos casos relativas a modos de vida imbricados en la tierra y el agua y a labores indígenas o propias de las esferas del trabajo manual. En sus creaciones recalcan que los materiales y modos de hacer, tanto como los saberes oralmente transmitidos que los han preservado, son patrimonio, uno vivo e inseparable de loas geografías de donde emana. Así, la citada lana habla de trashumancia y cuidado; las fibras vegetales aluden a ecosistemas frágiles y estrategias de sostenibilidad; la cerámica evoca su función primera de contener y acompañar la vida cotidiana. Los materiales en principio utilitarios han sumado ahora a su función la poética.
Además de las de Loren, otras intervenciones site specific las presenta Teresa Matas en Sa Refinadora, en Marratxí. Sus inquietudes suelen transitar entre el ámbito íntimo y el público o político: idea instalaciones construidas con materiales textiles a los que concede ecos introspectivos; para esta autora, pueden hablarnos de memoria, pérdida y la reparación. Sus piezas, desarrolladas a raíz de procesos largos y meditativos, convierten el gesto de coser en una forma de pensamiento y en una herramienta crítica capaz de traer a la memoria vivencias de dolor y vulnerabilidad desde una dimensión poética y material.

Cecilia Vicuña. Burnt Quipu, 2018. Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM

Lara Ordóñez. El consultor de bordados nº 567, 2025. Cortesía de la artista y Vangar
La exhibición de Casal Solleric es la más amplia en número de piezas, con composiciones de Pilar Albarracín, Javier Bravo de Rueda, Susana Cámara Leret, Carolina Caycedo, Olga Diego, Ana Esteve Llorens, Antonio Fernández Alvira, Marta Font, Gloria Godínez, Cara Holmes, Noemi Iglesias Barros, Cecilia Jurado Chueca, Teresa Lanceta, Glenda León, Sandra Mar, Laura Mema, Adriana Meunié, Asunción Molinos Gordo, Xavier Monsalvatje, Sonia Navarro, Carla Nicolás, Albert Pinya y Joan Pere Català Roig, Gema Polanco, Alex Reynolds, Laura Segura, Isabel Servera, Ona Trepat Rubirola, Sarah Viguer Cebriá y Concha Ybarra. De nuevo, nos invitan a mirar mucho más allá del costumbrismo y del folclore ante lo antiguo y a entender como una forma valiosa de reciprocidad el tomar de la tierra lo que se necesita y devolvérselo con una utilidad aplicada y una estética armónica.
Podemos destacar los trabajos de Ana Laura Aláez, que ha recordado el antiguo uso del esparto como fibra protectora de los suelos ante las sequías largas, y por tanto como material humilde, resistente y doméstico, en Hilera de traiciones; Pilar Albarracín, que en su bordado Guapa hace que ese adorno ya no sea ornato sino interpelación; o Javier Bravo de Rueda, cuyo Suelo activa una arqueología del residuo cerámico a partir de dos centenares y medio de azulejos encontrados en la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda, en Castellón.
Saskia Calderón ha integrado en una instalación sonora composiciones musicales inspiradas en las comunidades amazónicas de Ecuador, su país; Ricardo Calero ha explorado la flexibilidad y humildad del mimbre, el esparto, el barro y el yeso; Susana Cámara ha convertido los restos del cultivo de lúpulo en materia de memoria; Ana Esteve Llorens ha buceado en las emociones y ritmos inherentes al tejer; y Fernández Alvira exhibe Memoria de forma, una constelación de piezas de barro y metal nacidas de un proceso de colaboración con el último alfarero de una larga saga familiar de un pueblo oscense.
Marta Font despliega piezas cerámicas relacionadas con la naturaleza y los paisajes de la Sierra de Tramuntana, donde creció; Julie C. Fortier ha trabajado con el olor como material escultórico que puede activar memorias; Josefina Guilisasti ha colaborado con artesanas chilenas para su instalación realizada con mariposas, capullos y orugas creadas con crin de caballo; Noemí Iglesias Barrios ha elaborado manualmente flores de porcelana, oficio habitual en las manufacturas europeas en siglos pasados; Mónica Jover pinta y teje espacios en verde, transitando de la pintura al hilo; y Cecilia Jurado nos invita a conocer las usutas, sandalias preincas.

Marta Font. Yōki Series, 2023. Cortesía de la artista y Kaplan Projects
Además, Glenda León se ha valido de los discos de oro de las misiones Voyager —fonógrafos lanzados al espacio en 1977 con sonidos e imágenes destinados a posibles extraterrestres— para recuperar aquello que, paradójicamente, enviamos fuera del sistema solar pero no atendemos cerca; Sandra Mar trata el barro como interlocutor, como materia que resiste para luego ceder y transformarse al ritmo del cuerpo que lo trabaja; Adriana Meunié ha profundizado en las técnicas del tapiz en la localidad mallorquina de Campos; Sonia Navarro, como sabemos, reivindica la utilización del esparto mediante obras en las que involucra a mujeres que mantienen viva esta actividad en Blanca, en Murcia; y Lara Ordóñez quiere plasmar en sus bordados sabores íntimos ligados al hogar.
Por su parte, en Ajuar del Cerro Triste, Nuria Riaza reinterpreta el ajuar de una familia de Montealegre del Castillo; Belén Rodríguez trabaja con materiales procedentes del entorno de su hogar en Cantabria, donde recoge hojas, cortezas y restos vegetales con los que prepara tintes naturales; Laura Segura une materiales naturales, como el sisal trenzado, a la idea de origen; Isabel Servera ha hecho lo propio con el palmito trenzado característico del Levante; Laurita Siles exhibe una enorme txapela tejida por vascos emigrados a Estados Unidos en lana; Jessica Stockholder despliega una instalación que recupera las fibras vegetales, las redes y los trenzados inseparables del día a día de las comunidades pesqueras; Sarah Viguer aúna en sus esculturas lo textil, lo cerámico y lo orgánico; y Concha Ybarra modela plantas y jardines acentuando la dimensión artesanal del gesto.

Carolina Caycedo. El mar en el cielo, 2024. Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM

Gema Polanco. My private pool of emotions, 2024. Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM
«A media lumbre»
Del 24 de julio al 18 de octubre de 2026
Plaça Porta Santa Catalina, 10
Palma
Passeig des Born, 27
Palma
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