Hace ahora un lustro el Museo Guggenheim Bilbao nos permitió profundizar, en la que fue su primera retrospectiva en España, en la obra de Alice Neel. Aquella muestra llevaba significativamente por título «Las personas primero» y subrayaba su aguda capacidad de observación psicológica y su atención al sufrimiento y los dolores ajenos, aunque también a la fuerza y la resistencia de quienes se sobreponen a ellos.
Neel (1900-1984) es objeto ahora de otra antología en el Museu Serralves de Oporto, «Beautifully imperfect», que en este caso hace hincapié en sus representaciones de cuerpos que no obedecen a rígidos cánones de belleza, de rostros asimétricos y de miradas que, antes que brillar, contienen capas de madurez y experiencia.
Su carrera, que comenzó en los veinte, estuvo marcada por algunos de los principales acontecimientos y corrientes sociales del siglo pasado en Estados Unidos: la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, la posguerra, el movimiento por los derechos civiles, la lucha por los de la mujer o la liberación gay. La historia de su tiempo se refleja en sus composiciones a través de aquellos a quienes retrató y también de las condiciones sociales en las que vivían; a lo largo de una vida de dificultades personales y profesionales varias, ella se negó a adaptar su pintura a las expectativas del mercado, manteniendo la figura humana como eje central de su obra cuando la abstracción era ampliamente defendida por críticos, museos y galerías en su país.
Durante décadas trabajó con escaso reconocimiento institucional, pero su prestigio creció a partir de finales de los sesenta y, en 1970, la aparición de su retrato de la célebre escritora y activista feminista Kate Millett en la portada de la revista Time otorgó a su pintura una amplia visibilidad; ese mismo año, Neel retrató a Andy Warhol. En 1974, el Whitney Museum de Nueva York albergó la que fue la primera retrospectiva de la artista, cuando ya tenía setenta y cuatro años.

Alice Neel. The De Vegh Twins, 1975
Para Neel, y de ahí el título de este proyecto portugués, la imperfección era parte de la existencia misma. Decidida e intransigente, rechazó la artificialidad de los ideales de belleza, prefiriendo mostrar cuerpos, rostros y las huellas del tiempo tal como eran. La expresividad, la vulnerabilidad sin adornos y la singularidad de quienes posaban para ella prevalecían sobre la precisión anatómica y la imagen idealizada en sus retratos; ella se autodenominaba coleccionista de almas, una expresión que refleja su profundización en el carácter, la fragilidad y la presencia psicológica de cada modelo. En sus trabajos, la imperfección se convirtió así en una forma de resistencia.
Y la fuerza radical de su pintura sigue siendo hoy relevante: la proyección que dio a los residentes negros y puertorriqueños del Spanish Harlem -donde residió entre 1938 y 1962-, a los artistas y performers queer o a los físicos no teóricamente atractivos aún adquiere eco en los debates actuales sobre diversidad, género, sexualidad, desigualdad o representación. Concedió la misma preeminencia en sus creaciones a familiares, vecinos, trabajadores, inmigrantes, artistas, escritores, activistas, políticos y figuras públicas, independientemente de su profesión, origen o estatus social, pues buscaba captar a personas reales en su complejidad individual y social, permitiendo que las relaciones de poder, las desigualdades y las vidas a menudo marginadas devinieran visibles. El envejecimiento, la enfermedad y la muerte también ocupan un lugar clave en su obra: en la piel, en las posturas y en las transformaciones del cuerpo no atenuadas.
El principio de la belleza imperfecta se extiende, en realidad, a los rasgos formales de su propia pintura, cuyos contornos abiertos, áreas del lienzo sin pintar y pinceladas visibles revelan el proceso de construcción de la imagen. Lo inacabado y los fondos tratados con manchas de color dejan al descubierto el gesto y la energía del encuentro de la artista con el retratado.

Alice Neel. Beautifully Imperfect. Museu Serralves. Oporto, 2026

Alice Neel. Beautifully Imperfect. Museu Serralves. Oporto, 2026
La exposición del Serralves se organiza en pequeños grupos temáticos no cronológicos. Aprovechando la arquitectura del nuevo Ala Álvaro Siza del museo, el recorrido genera diálogos entre obras, fases y temas de su práctica, basados en una interpretación ampliada de ese concepto de «bellamente imperfecto». El itinerario se abre con un autorretrato de Alice Neel, pintado en 1980, cuando tenía ochenta años. Sola, desnuda y de frente, aparece sin idealización ni artificio, y sin someterse a ninguna convención: se trata de una apertura radical, casi un manifiesto silencioso, que anuncia muchas cuestiones centrales de la andadura de la americana y de esta muestra. A su alrededor, un conjunto de cartas dirigidas a la artista amplía este primer encuentro, convirtiéndolo en un coro íntimo y colectivo de voces, en sintonía con una obra que siempre estuvo atenta a la singularidad de cada persona. La correspondencia hallada en el archivo familiar —misivas de admiración y gratitud enviadas a lo largo de los años— dio origen a un nuevo conjunto de epístolas a cargo de artistas, escritores o músicos invitados a escribir a Neel como si estuviera viva o a rendirle tributo. Podemos citar las aportaciones de Allora & Calzadilla, Annie Sprinkle, Carla Arocha & Stéphane Schraenen, Carminho, Celia Paul, Chantal Joffe, Dennis Morris, Dominique González-Foerster, Elmgreen & Dragset, Fernanda Fragateiro, Luisa Jacinto o Vasco Araújo.
A continuación, otro núcleo temático reúne retratos relacionados con la familia, las relaciones afectivas, la maternidad, la infancia y la pérdida. Sus hijos, nietos y compañeros aparecen en ellos junto a amigos, vecinos e hijos de éstos; brota, así, la noción de una familia extensa, gestada por lazos de parentesco, amistad, afecto y vida compartida. Neel solía pintar a menudo a las mismas personas, acompañándolas en diferentes edades y momentos. Además, la exposición recopila piezas que ponen de relieve la dimensión social y política de su pintura: sus miradas a esos artistas, escritores, activistas, trabajadores, políticos y demás neoyorquinos que conforman un amplio retrato de la ciudad y del entorno en el que vivió.
La vida privada y la esfera pública coexisten en su producción: la familia y las relaciones afectivas forman parte de los problemas sociales y políticos de su época, mientras que la historia colectiva cobra forma en personas reales. A lo largo de las salas, una selección de bodegones interrumpe la sucesión de retratos e introduce pausas en la figuración, a la vez que introduce asuntos como el paso del tiempo, la vida y la muerte.

Alice Neel. Beautifully Imperfect. Museu Serralves. Oporto, 2026

Alice Neel. Beautifully Imperfect. Museu Serralves. Oporto, 2026
La exposición también incluye una selección de libros de la biblioteca personal de Alice Neel, traídos directamente de las estanterías de su apartamento de Nueva York hasta Oporto, para desplegar una visión de algunas de sus lecturas, referencias e intereses, así como espacios sonoros donde escuchar la música que formó parte de su vida, desde los tangos de Carlos Gardel hasta Mozart y Beethoven. Y no falta un documental realizado en 2007 por su nieto Andrew Neel, que combina entrevistas familiares con imágenes de archivo.
La imagen de esta exposición es la del recluta negro James Hunter, protagonista de una obra que quedó inacabada y que se realizó en 1965, año en que Lyndon B. Johnson decidió aumentar las fuerzas terrestres estadounidenses en Vietnam del Sur. Hunter iba a marchar allí una semana después de comenzar a ser retratado y no regresó para la segunda sesión.

Alice Neel. Recluta negro (James Hunter), 1965. Cortesía de The Estate of Alice Neel © The Estate of Alice Neel, Bilbao, 2021
Alice Neel. «Beautifully Imperfect»
R. Dom João de Castro, 210
Oporto
Del 16 de julio de 2026 al 31 de enero de 2027
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