La sala 60 del Museo del Prado alberga, desde el pasado 2009 y alternativamente, fondos del centro correspondientes al siglo XIX y, en este 2026, ese programa ha adoptado la denominación de Almacén abierto. En él se enmarca la muestra “Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres”, una nueva monografía centrada en un artista de aquel periodo tras las de Aureliano de Beruete, Miguel Blay, Rogelio de Egusquiza, Antonio María Esquivel, Federico y José de Madrazo, Jenaro Pérez Villaamil, Francisco Pradilla, Eduardo Rosales o Joaquín Sorolla y después de las dedicadas a las indagaciones técnicas en procedimientos como la acuarela o la estampa japonesa; la revisión de donaciones como la de Rudolf Gerstenmaier; o de géneros como la pintura religiosa o el retrato infantil en esa época.
Hasta el 4 de octubre, se reúnen por primera vez en esta estancia los ocho cuadros que, entre 1866 y 1867, llevó a cabo Domínguez Bécquer como parte de un encargo destinado al que fue Museo de la Trinidad, después de cuya disolución, en 1872, se trasladaron a diversas instituciones y finalmente al Prado.

Valeriano D. Bécquer (1834-1870): Los cuadros de costumbres. Fotografía: Museo Nacional del Prado
Constituyen una manifestación de la pintura costumbrista del siglo XIX en España, muy relevante por su calidad y por la objetividad del pintor. Además, se conserva al completo la documentación generada con las descripciones del propio autor, cuyos extractos forman parte de la exposición. El hermano de Gustavo Adolfo Bécquer efectuó tres entregas, cada una asociada a una provincia y con formatos y medidas divergentes: las obras ligadas a Zaragoza y Soria fueron aportadas en 1866 —con un total de cinco piezas¬— y las de Ávila en 1867, con otras tres. Durante estas campañas, Valeriano realizó, igualmente, numerosos dibujos; muchos se han perdido, algunos fueron fotografiados y otros sirvieron para las diferentes ilustraciones que divulgaron su producción. Varias de sus pinturas también fueron copiadas al óleo o en grabados, dato que prueba el alto interés que suscitaron en las décadas siguientes.
Interior de una casa en un pueblo de Aragón y El presente. Fiesta mayor en Moncayo (Aragón) corresponden al primer envío, ejecutado desde Vera del Moncayo. En la primera composición, la escena está protagonizada por mujeres, aspecto habitual en la obra de Bécquer, también en escenas de trabajo. Aquí detalla la descripción de las indumentarias, de vivo colorido. En cuanto al segundo cuadro, recoge asimismo una diversidad de tipos de trajes (desde el del alcalde a los danzantes) y de costumbres festivas, como el paloteo o el presente, ágape o puñado, pequeño convite que solía costear uno de los miembros de la hermandad o cofradía organizadora del festejo.
El conjunto de Soria, el de mayor finura, tiene que ver con la vida personal del pintor y del poeta: de sus viajes por Villaciervos y Burgo de Osma saldrían El baile, Un leñador y Una hilandera. La dureza del trabajo en los bosques la suaviza el artista en el tratamiento de los dos tipos individualizados, tratados con clara dignidad, y del carácter lúdico del baile, que le permite incorporar una gama de tipos humanos y de detalles. En el envío de Ávila, Bécquer eligió representar aspectos relativos a la peregrinación a la ermita de Sonsoles, en el valle de Amblés, como los romeros descansando (La fuente de la ermita), la joven que porta una cesta con presentes para ofrendar a la Virgen o el hombre ante el despacho de vinos, cuya vestimenta alude a la de los “armados” o “alabarderos”, un tipo masculino frecuente en las celebraciones religiosas de Castilla.
Los dibujos constituyen otra parte del trabajo de Bécquer de estos años y muchos de ellos fueron reproducidos en revistas a través del grabado, lo que posibilitó difundir la obra del sevillano más allá de sus cuadros.

Valeriano D. Bécquer. Interior de una casa en un pueblo de Aragón, cuando la familia se reúne por la tarde a tomar el chocolate, 1866. Museo Nacional del Prado
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