julio 3, 2026

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Marie Claire-Uberquoi, arte a la deriva (aún)

Después de tantos años de negarse a sí mismo o de confundirse con otras disciplinas, el arte quizá podría intentar recuperar su autonomía.

Marie-Claire Uberquoi fue directora de Es Baluard Museu, durante cuatro años a principios de los 2000, y también ha ejercido como periodista y crítica de arte en publicaciones como El Mundo, Descubrir el Arte y El Cultural. En 2004 publicó ¿El arte a la deriva?, un ensayo donde planteaba sus razones para considerar que un número no menor de artistas contemporáneos asienta sus trabajos sobre arenas movedizas (también sobre arenas complacientes), al tiempo que rastreaba el origen de sus modos de hacer. Veinte años después, en 2024, Penguin Random House volvió a sacarlo a la luz, completándolo con una nota a la nueva edición y un epílogo que traen a nuestro presente aquellas reflexiones, por más que, en realidad, no hayan perdido vigencia ni hayan dejado de resultar pertinentes si nos atenemos a los puntos de vista de Uberquoi.

Pese al cierre de algunos eslabones débiles, en general las ferias satélites continúan proliferando en torno a las citas mayores, el volumen de venta en subastas del arte contemporáneo se ha incrementado en un 2.200% en lo que llevamos de siglo, la gran crisis económica de 2008 no ha llegado a frenar los precios en este sector y los artistas estrella, entendiendo como tales aquellos con mayor proyección comercial, continúan aumentando su cotización. La tendencia del mercado al espectáculo y el ruido ni favorecía hace un cuarto de siglo ni impulsa ahora la originalidad o el compromiso genuino, tampoco (mucho menos) la belleza, muchas veces denostada por asociarse a una aproximación superficial a lo real, desde luego discutible, y por ofrecer un difícil encaje con debates sociales candentes que todos tenemos en mente.

Siguiendo el pulso de la Documenta de Kassel, Uberquoi sitúa en el origen de muchos rumbos dudosos de la creación actual los intentos de (más que acercamiento) fusión entre arte y vida en los años sesenta, aquellos que llevaron a valorar a Manzoni o Yves Klein más por sus personalidades que por el contenido de sus creaciones; para la autora, emprender el camino de atender a quienes, por encima de otros fines, desean escandalizar puede llevar al espectador a dejarse epatar por fruslerías carentes, incluso, de poder transgresor. Refiriéndose a la indiferenciación de vida y arte, y a la consiguiente comprensión de cualquier individuo como artista, aborda igualmente este libro la figura de Joseph Beuys, cuya influencia en figuras posteriores ha sido más larga y sólida que la de Klein y Manzoni sin que ello haya aparejado siempre derivas positivas. Parafraseando a Robert Hugues, que fuera crítico para Time, sus esfuerzos para unir la vida con el arte no resultaron demasiado eficaces par cambiar la vida. Más bien contribuyeron a diluir la noción de arte.

Además de ese mantra, hoy casi indiscutido, de que es posible insertar el día a día y la creación en el mismo magma, Uberquoi también sitúa como otro de los motores que hace girar el mercado y el sector artístico hoy, y desde los sesenta, el deseo continuo de novedades, la generación de tendencias, que ella compara con colecciones deseables de otoño-invierno, unas reaccionando a otras y proclives, al menos hasta los setenta, a una constante simplificación: el arte podía ser forma pura (minimalismo), texto o idea (arte conceptual), experiencia o paisaje efímero (land art). La francesa analiza esas derivas críticamente, con osadía pero también con rigor, juzgando positivamente a aquellos autores que, al margen de etiquetas, técnicas o materiales, tenían mensajes que expresar y no deseaban ahuyentar al público al hacerlo, ni renunciar a conmoverlo, caso de Christo y Jeanne-Claude, valientes al reconocer que sus objetivos eran estéticos y no conceptuales cuando el prestigio recaía en los segundos. En Barceló valora su vocación pictórica persistente, no todos sus desarrollos; a Julian Schnabel no lo contempla sino como moda; y en Ferrán García Sevilla encuentra casi el paradigma del autor apegado a los ritmos del mercado.

No es habitual, y casi todos lo sabemos, que un crítico de arte se exprese de forma tan abierta al emitir su enfoque general del arte desde la segunda mitad del siglo XX, de ahí que haya que reconocer a Uberquoi su honestidad profesional y su osadía al margen de que podamos comulgar o no, tramo a tramo, con sus opiniones. También que sugiera vías de recuperación de sentido de cara al futuro: en lo que atañe a los artistas, la posibilidad de contemplar los frutos de su actividad como un campo, no sólo de reflexión, sino también de distanciamiento de lo real y de evasión, e incluso de cortafuegos humano ante el imperio de la tecnología. Para el resto, la recuperación (o el nacimiento) de la lucidez y la mirada crítica y de la capacidad de manifestarlas sin temor.

 

TÍTULO: ¿El arte a la deriva?

AUTOR: Marie-Claire Uberquoi

EDITORIAL: Penguin Random House

IDIOMA: Castellano

PÁGINAS: 206 pp

PRECIO: 14,96 euros

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