Tras su paso por el Rijksmuseum holandés y bajo el comisariado de Francesca Cappelletti y Frits Scholten, acaba de abrir sus puertas en la Galleria Borghese de Roma “Metamorfosis. Ovidio y las artes”, exhibición nacida de la colaboración de ambas instituciones que en Italia desplegará un montaje autónomo, atendiendo a las raíces del poeta.
Partiendo de las Metamorfosis, uno de los textos fundamentales y que, sin duda, más ha pervivido en la imaginación occidental, este proyecto profundiza en el asunto de la transformación como principio universal de toda historia y de toda vida y como clave para interpretar el cosmos, la materia y la condición humana. Reivindica la muestra esa composición como puerta de entrada a una cosmovisión basada en el cambio, la inestabilidad de las formas y la permeabilidad de los límites entre lo humano, lo natural y lo divino.
Los espacios de la Galería Borghese constituyen un contexto especialmente privilegiado para el desarrollo de este proyecto expositivo, pues podemos decir que los cimientos mismos de la Villa Borghese fuori di Porta Pinciana se arraigan en el universo simbólico del poema: el cardenal Scipione Borghese encargó la construcción del Casino Nobile para albergar parte de su colección, concibiendo su arquitectura como un dispositivo cultural capaz de entrelazar mito, arte y autorrepresentación dentro de un sistema coherente de significados.
Esa vocación se reforzó aún más en el siglo XVIII, tras las restauraciones encargadas por Marcantonio IV Borghese a Antonio Asprucci, quien reorganizó los interiores colocando esculturas en el centro de las salas e integrándolas en un programa decorativo inspirado, precisamente, en las Metamorfosis. Se configuró, así, un complejo constructivo en el que la presencia de Ovidio se hace estructural y omnipresente.
El núcleo de la exposición será, por tanto, el concepto de metamorfosis como principio generativo capaz de atravesar y redefinir el universo, la materia y el cuerpo: a través de mitos célebres y narraciones casi siempre trágicas, ese motivo de las transformaciones ha proporcionado durante siglos a los artistas un repertorio infinito de imágenes y conflictos, dando forma visual a pasiones, deseos, astucia, violencia, engaño y posibilidades de redención.
El recorrido nos ofrece una visión del mundo en la que dioses, humanos y naturaleza comparten un destino común de transformación continua. Junto a temas plenamente ovidianos como el amor, la vida después de la muerte y la creación del mundo, se analiza igualmente el fenómeno del Ovide moralisé, la reescritura medieval de la obra que influyó profundamente en la representación del mito en el Renacimiento.
Contando con trabajos de maestros del siglo XVI y el Barroco y también de artistas de épocas más recientes —entre ellos Correggio, Miguel Ángel, Tiziano, Rubens y Poussin, Rodin y Brancusi—, se incide aquí en el poder visual y conceptual de las narraciones del de Sulmona y en lo atemporal de la tensión entre orden y cambio, la fluidez de las identidades y la dinámica relación entre cuerpo y naturaleza. En este diálogo entre mito y creación, la metamorfosis emerge no sólo como una transformación física, sino, además, como una categoría estética y ontológica capaz de indagar en las relaciones entre tiempo, espacio, materia y forma.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
Como era esperable, el recorrido arranca con el relato de Ovidio sobre la creación del mundo, en forma de umbral conceptual que los visitantes deben cruzar para adentrarse en el universo de las metamorfosis. En los primeros versos, el poeta traduce el nacimiento del cosmos en imágenes, dando forma a la transición del caos al orden y haciendo de la metamorfosis el principio original que rige la naturaleza, los dioses y la humanidad. En las obras de arte escogidas, esa imaginería adquiere una forma concreta y tangible, traduciendo las palabras en visión.
El caos primordial —una masa informe y desordenada— es domado por una deidad enigmática que separa la tierra, el agua, el aire y el fuego, transformando la materia informe en forma armoniosa. Esta primera metamorfosis origina el cielo, los mares, las montañas y los bosques, generando un mundo que, aunque ordenado, es inestable y sujeto a cambios constantes.
Las obras expuestas aquí transmiten el poder visual de esa cosmogonía. En El caos o La batalla de los cuatro elementos, de Louis Finson, autor a caballo entre los siglos XVI y XVII, las personificaciones de la tierra, el agua, el aire y el fuego se representan como cuerpos entrelazados que conforman un vórtice de energía y materia, evocando el momento primordial previo a que los elementos encuentren su equilibrio. Un grabado de su contemporáneo Hendrik Goltzius, que muestra la creación del mundo, traslada la historia de Ovidio a una estructura cósmica ordenada, en la que la separación de los elementos coincide con el triunfo de la forma sobre el caos.
La referencia a temas bíblicos tradicionales es clara en El paraíso, de Herrimet de Bles. En este caso, la historia del Génesis se entrelaza con la cosmología antigua, demostrando la persistencia de un imaginario compartido arraigado en el concepto de la creación del mundo a partir de la materia informe.
Y la reflexión sobre el caos y la creación continuará en la era moderna, aquí con los mencionados Auguste Rodin y Constantin Brancusi. En La Tierra, de Rodin, una figura parece emerger lentamente del lodo primario, aún suspendida entre el nacimiento y la disolución, mientras que en Prometeo, del rumano, la forma se reduce a una esencia ovoide, evocando tanto el mismo origen de la vida como el acto creativo. En ambas piezas, la metamorfosis no se trata sólo como un relato mitológico, sino como un principio universal que rige la naturaleza, el cuerpo y la materia.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
Un segundo capítulo de la muestra nos recuerda que Las Metamorfosis no sólo han sido una fuente inagotable de relatos mitológicos, sino que también un gran éxito editorial y en cuanto a interpretaciones. Desde su reintroducción en el currículum escolar medieval, han experimentado ellas mismas continuas metamorfosis literarias y figurativas: traducciones, adaptaciones a lenguas vernáculas y relecturas moralizantes que adaptaron el mito a nuevos contextos culturales, religiosos y sociales.
En este sentido, aquel poema de Ovide moralisé, compuesto en Francia a principios del siglo XIV, desempeñó un papel crucial: reinterpretó los relatos de Ovidio a la luz de la moral cristiana y los pobló con caballeros y damas con vestimenta contemporánea y referencias bíblicas.
El Renacimiento, por su parte, propiciaría una relación diferente con el poema: con la recuperación filológica del texto latino y la amplia difusión de ediciones ilustradas, fue posible un relativo retorno a su espíritu en la Antigüedad. Un ejemplo de ello es la extraordinaria pintura de Piero del Pollaiolo que posee la National Gallery de Londres y representa a Apolo y Dafne. En ella, el artista florentino capturó el instante de la transformación con pinceladas enérgicas y audaces, insuflando nueva vida a una de las narraciones más conocidas del poeta, si bien su estilo aún se aleja de la forma clásica del desnudo. A lo largo de los siglos, las interpretaciones literarias y visuales de Dafne y Apolo se verían influenciadas por la obra maestra de Gian Lorenzo Bernini a ellos dedicada: se trata, sin duda, de la interpretación más espectacular del mito y de la estructura métrica de sus versos, un símbolo por excelencia del arte barroco.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
Hablando de otro Bernini esencial, en el Libro V de las Metamorfosis Ovidio narra el rapto de Proserpina por Plutón, señor del inframundo. La joven, ocupada recogiendo flores, fue capturada y arrastrada al reino de los muertos y, como respuesta, su madre, Ceres, diosa de la cosecha, desconsolada, convirtió la tierra en un desierto, provocando una grave hambruna. Tiene que intervenir Júpiter para que se restablezca el equilibrio: Proserpina, tras comer unas semillas de granada que la atan al inframundo, podrá pasar parte del año en la tierra y separarse de Plutón.
El mito explica así el cambio de las estaciones: cuando la diosa regresa con su madre, la naturaleza florece de nuevo; cuando desciende al inframundo, la tierra se marchita y se prepara para el descanso. La fuerza dramática de este relato ha sido una enorme fuente de inspiración para los artistas a lo largo de los siglos: las obras expuestas en esta sección transmiten con intensidad el poder evocador de la historia de Ovidio, definiendo la imaginería asociada a Plutón. Partiendo del grupo romano clásico de Hércules y Cerbero, que presenta al perro de tres cabezas, guardián del inframundo y símbolo del límite entre la vida y la muerte, se exhiben a continuación un sarcófago con escenas del mito, la pintura de Agostino Carracci que retrata a Plutón u Orfeo y Eurídice, de Rubens, que representa a los dos amantes mientras atraviesan la oscuridad del Tártaro “en un silencio sepulcral”.
En el centro de este apartado veremos esa obra maestra en los fondos de la Galleria Borghese: El rapto de Proserpina berninesco (1598-1680). Su representación de esta escena posee una intensidad extraordinaria: los dedos de Plutón hundiéndose en la carne de la joven, el terror en el rostro de ella y el movimiento vertiginoso de los cuerpos dan vida, a través de la calidad material del mármol, a los versos frenéticos del relato del poeta sobre el rapto.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
Ya en el Libro VI de las Metamorfosis, Ovidio narraba la historia de Aracne, una joven tejedora famosa por su extraordinaria habilidad. Orgullosa de su talento, se atrevió a desafiar a Minerva a una competición en el tejer. Mientras que la diosa representa en su tapiz el poder de los dioses y los castigos impuestos a los mortales, Aracne opta por representar los engaños y las transformaciones que los dioses emplean para seducir a hombres y mujeres. Su obra era tan perfecta que enfureció a Minerva. Incapaz de encontrar ningún defecto en ella, la destruyó y convirtió a su rival en araña, condenándola a tejer para siempre.
En el relato de Ovidio, el tejido deviene una metáfora de la creación poética y de cómo el arte puede transformar las palabras en imágenes. Tintoretto interpretó el mito representando el acto mismo de tejer: Aracne trabaja en el telar bajo la mirada pensativa de Minerva, en una escena que celebra la imaginación intelectual y la práctica artística. Rubens, en su composición en el Prado, se centra entretanto en el momento del castigo, cuando la diosa golpea a Aracne tras contemplar su Rapto de Europa.
En este capítulo, los versos de Ovidio cobran forma visible, transformando los mitos en tapices e invirtiendo así la écfrasis del relato inicial. Las historias de Baco y Ariadna, Pan y Siringa y Diana y Procris se traducen en preciosas superficies textiles; los hilos sustituyen a las coloridas descripciones y la narración se construye mediante episodios entrelazados y continuas referencias visuales.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
El mito de Aracne conduce inevitablemente a las hazañas amorosas de Júpiter ilustradas en su tapiz e introduce, casi de forma orgánica, la siguiente sección, dedicada a Leda y el Cisne. En este caso, el mito cobra vida a través de la escultura, la pintura y la imaginación artística en sí.
La de Leda y el cisne es una de las hazañas amorosas de Júpiter. Leda es reina de Esparta y esposa de Tindáreo, representada en aquel tejido “bajo las alas del cisne”: Júpiter, transformado en dicho animal, se une a ella y engendra varios hijos; de los huevos nacen los divinos gemelos Cástor y Pólux, hermanos de las mortales Helena y Clitemnestra.
Aunque Ovidio sólo dedica a este relato unos pocos versos de su poema, esta historia gozó de enorme popularidad. En el Renacimiento, se convirtió en tema predilecto de las cortes italianas, cautivadas por el erudito y sofisticado erotismo de las fábulas de Ovidio. La proliferación de imágenes dedicadas a Leda a principios del siglo XVI parece reflejar también el clima del debate sobre la supuesta superioridad de la pintura sobre la escultura, teorizado décadas después por Benedetto Varchi. Las creaciones de Leonardo y Miguel Ángel sobre ese asunto, hoy perdidas pero conocidas a través de copias y reinterpretaciones, ofrecieron dos interpretaciones profundamente diferentes de la historia.
En la Leda de la Borghese, basada en una obra de Da Vinci, la relación entre la mujer y el cisne se desarrolla en un momento íntimo y suspendido, con el paisaje ribereño de fondo. Miguel Ángel, en cambio, enfatizó la majestuosidad del cuerpo y la tensión erótica de la escena, transformando este asunto en un vigoroso entrelazamiento de piel y plumas. La obra de la National Gallery de Londres, expuesta en la muestra, y las interpretaciones escultóricas del Victoria & Albert y del Bargello, tienen su origen en esa invención y se atribuyen al círculo de Buonarroti, concretamente a Vincenzo Danti y a Bartolomeo Ammannati. Contemplaremos, igualmente, la Dánae de Correggio, otro episodio célebre de los amores de Júpiter: en ella, el dios desciende como una lluvia dorada sobre el cuerpo de la joven, engañada por su padre Acrisio, traduciendo el deseo divino en una visión intensamente sensual.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
Otro de los relatos más interesantes de las Metamorfosis, el de Pigmalión, ofrece una reflexión original sobre el poder del arte y su capacidad para dar forma al deseo. En el Libro X, Ovidio narra la historia de ese escultor chipriota que, desilusionado con las mujeres, esculpe una figura femenina inmensamente bella en marfil, enamorándose finalmente de ella.
Durante una fiesta dedicada a Venus, Pigmalión se dirige a la diosa, pidiéndole una esposa semejante a su obra de arte. La respuesta fue milagrosa: el material se calienta, se ablanda al tacto del escultor y se transforma en un cuerpo vivo. La estatua cobra vida, y el arte parece trascender sus propios límites, llegando incluso a imitar el poder de la creación misma.
En las versiones de Pigmalión y Galatea de Gérôme, la metamorfosis coincide con el momento del beso: el mármol blanco de la estatua se transforma gradualmente en la piel viva de Galatea. El taller del escultor, repleto de antigüedades y obras de arte, se convierte en el lugar donde la imaginación y la realidad parecen fusionarse.
Pintor y escultor, Gérôme se identificó conceptualmente con el protagonista esta historia, reflexionando sobre el deseo del artista de insuflar vida a la materia. Rodin también abordó el mito como una meditación sobre el proceso creativo: en su interpretación, Galatea aún no ha emergido completamente de la piedra en bruto; su cuerpo parece suspendido entre la materia inerte y la vida, haciendo visible el instante concreto de la transformación.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
Toma el relevo a Pigmalión en la exposición el mito de Perseo, que introduce una reflexión complementaria sobre la metamorfosis: si en el primer relato, la materia cobra vida, en el segundo son los seres humanos quienes se convierten en piedra.
En el Libro IV, Ovidio narra la historia de Medusa, doncella y sacerdotisa de Minerva, seducida por Neptuno y castigada por la diosa, que la transformó en un monstruo: su rostro se afeó, su cabello se convirtió en serpientes y su mirada adquirió el poder de petrificar a cualquiera que la mirara. Con la ayuda de Minerva, Perseo logra vencerla sin mirarla siquiera. La decapitó y la cabeza de la Gorgona se convirtió en su arma para hazañas más tardías: la empleó para liberar a Andrómeda y enfrentarse a Fineo, hermano del rey Cefeo, que pretendía a la joven e irrumpió armado en su boda para reclamar su mano. En un momento crucial, Perseo alzó esa cabeza de Medusa y Fineo y sus compañeros se convirtieron en piedra.
Distintas obras de arte capturan visualmente los momentos clave de esta historia, dando vida al poder dramático del mito. En pinturas de Antonio Tempesta y Rutilio Manetti, Perseo aparece sobre su corcel alado en el heroico acto de rescatar a Andrómeda, mientras Sebastiano Ricci, por su parte, representó el enfrentamiento con Fineo, capturando el instante en que la metamorfosis se completa y los cuerpos se vuelven rígidos, como estatuas, según las palabras de Ovidio. En la Medusa de Rubens, el rostro cercenado de la Gorgona se representa con extraordinaria intensidad, plasmando la visión de Ovidio en una imagen: la de las serpientes brotando de la sangre de Medusa, nacidas de las gotas que cayeron a la tierra durante la lucha.
Como en el texto al completo de Ovidio y en cada sala de esta exposición tan sugerente, se revela aquí la doble naturaleza de la metamorfosis: es una fuerza destructiva y, al mismo tiempo, un instrumento de salvación que tiene el poder de alterar inexorablemente el destino de la humanidad.
Culmina el recorrido con Cupido y el amor, presentado como una fuerza capaz de gobernar a hombres, dioses y a la naturaleza, que puede generar belleza, vida y deseo, pero también engaño, dolor y destrucción. En el fondo, muchos de los relatos de Las Metamorfosis de Ovidio explican las repercusiones de un amor apasionado: del amor perseguido y no correspondido, del deseo imposible, los celos o la pérdida.
Cupido encarna esa fuerza impredecible, mientras Venus, diosa del amor y la belleza, representa el poder ambiguo de Eros, celebrado en las obras de Tiziano (Amor sagrado y profano y Venus vendando a Cupido), donde el amor es a la vez un impulso terrenal y una tensión espiritual.
El mito de Narciso lleva esta reflexión sobre el deseo a su conclusión más trágica. Ovidio narra la historia de un joven extraordinariamente bello incapaz de corresponder al amor de los demás. La ninfa Eco se consume por él, y es rechazada hasta quedar reducida a nada más que una voz. Narciso, al ver su propia imagen reflejada en el agua y no reconocerse, se enamora perdidamente de ella e, incapaz de alcanzar esa aparición, se rinde a la muerte y se transforma en la flor que lleva su nombre.
En la pintura de Nicolas Poussin, el relato se representa como una escena silenciosa y suspendida, donde el cuerpo sin vida de Narciso se entrega a la naturaleza y Eco encarna el dolor del amor en solitario.

METAMORFOSI. Ovidio e le arti. Galleria Borghese, Roma. Fotografía: A. Novelli
«METAMORFOSI. Ovidio e le arti»
Piazzale Scipione Borghese, 5
Roma
Del 23 de junio al 20 de septiembre de 2026
Más noticias
El CCCB de Barcelona programa cine de verano familiar
una trayectoria entre las letras, el derecho y la vida pública venezolana
La Junta de Andalucía convoca el Programa Iniciarte 2026