Siete años después de que Joana Vasconcelos presentara en el Museo Guggenheim Bilbao una retrospectiva, “Soy tu espejo”, que entonces calificó como la más importante de su carrera, y a sólo unos meses de su convivencia estrecha con las estancias del Palacio de Liria, esta artista portuguesa despliega otra gran muestra en España, en este caso en un espacio que dota a sus piezas de connotaciones muy distintas a las neutras que podía aportarles el edificio vasco de Frank O. Gehry y las dieciochescas de la residencia de los Alba: el Museo Picasso de Málaga, en el Palacio de Buenavista. Hay que recalcar que, si bien las obras de arte pueden modificar decisivamente nuestra percepción del entorno donde se exponen, la situación inversa, menos subrayada, también suele darse.
Sus instalaciones remiten tanto a la estética barroca como a la cultura popular de su país, a los debates característicos del arte reciente -especialmente los relativos a la participación del espectador en la interpretación de las piezas- y a determinados asuntos sociales, sobre todo a la situación de la mujer en diferentes momentos de la historia: se vale para ello de materiales tomados de la vida cotidiana, como electrodomésticos, azulejos, tejidos, medicamentos, urinarios, ollas o cuberterías de plástico, incidiendo en la carga narrativa y emocional con la que ya cuentan o que, en determinados contextos, pueden llegar a suscitar. Es habitual, asimismo, que Vasconcelos acompañe estas creaciones, casi siempre a gran escala y de paleta contundente, de movimiento, luces y sonido: son sus herramientas para atrapar a quien contempla, pero también incorporan un carácter humorístico a su trabajo, desprejuiciado y exuberante.
Joana Vasconcelos. Flamboyant. Museo Picasso Málaga
ARCHIVOS DE INTIMIDADES
En esta nueva introducción de Vasconcelos en un palacio histórico (ya ha pasado por Versalles, los Uffizi o el Palacio de Ajuda lisboeta, además de por Liria), se han seleccionado, bajo el comisariado de Miguel López-Remiro, esculturas e instalaciones datadas desde los años noventa y vinculadas a la noción de transfiguración, despojada ésta de su sentido religioso para aludir a la capacidad de esta artista para transformar objetos de uso corriente -en su caso, textiles, cerámicas o azulejos de sello luso- en experiencias visuales y también en símbolos de una memoria cultural que no se oculta cuando se produce esa transformación.
En el caso de Vasconcelos, esa proyección del acervo popular en espacios que rara vez lo acogen se extiende a técnicas creativas: lleva a esos terrenos de la escultura y la instalación los procedimientos del crochet o el bordado, componiendo con ellos -y con sus colaboradores- estructuras envolventes que necesariamente invitan al espectador a una aproximación distinta a las salas que ocupan. Cuando lo artesanal y doméstico se despliega en grandes formatos y en espacios institucionales, se nos insta a revisar nuestro concepto de lo familiar y de lo monumental y hasta qué punto podríamos intercambiarlos.
No faltan en Málaga Betty Boop (PA), sus monumentales sandalias Marilyn elaboradas con ollas de cocina y con sus tapas, objetos banales y brillantes cuya suma configura unos zapatos de baile semejantes a los que Monroe llevó a Vietnam para animar a las tropas estadounidenses. Las esferas de la fantasía y el deseo (públicos) y el espacio doméstico (privado), aparentemente contradictorios, convergen en el imaginario colectivo de lo femenino y en este calzado – metáfora.
Tampoco las paredes de la instalación Loft, que exhiben secretos, intimidades, a veces rozando la obscenidad, como si se tratara de un archivo público de la vida privada con el que todos podemos identificarnos. Quiere probar Vasconcelos que espacios propios de la casa pueden reorganizarse en el museo.
Joana Vasconcelos. Loft, 2010-2017- Colección de la artista
www.fatimashop.com reúne devoción, comercio y consumo con ese santuario portugués como punto de partida. La artista compartió viaje con los peregrinos y fue partícipe de la experiencia, también turística y económica, generada en torno al templo, lo que le llevó a indagar en la frontera entre la imagen y la mercancía. Y el gigantesco lazo J´adore Miss Dior, elaborado con millar y medio de frascos del perfume del mismo nombre que cambian de color gracias a luces led, encarna la confluencia entre el carácter manual, y tradicional, que implica la elaboración de ese motivo, el del lazo, y la contemporaneidad. Nos hace pensar también en el poder evocador del perfume frente a su presencia invisible y en la capacidad sugestiva del objeto pequeño cuando se recurre a su acumulación. Lo ornamental, advierte la artista, puede dejar de ser un complemento para convertirse en materia escultórica.
Joana Vasconcelos. J´Adore Miss Dior (PA), 2017. Colección de la artista. Obra producida con el patrocinio de Dior, París
Gestalt, por su parte, constituye un paisaje textil abstracto y desbordante, cuyo formato es pictórico (lienzo, marco, frontalidad), pero nada más lo es (formas textiles y crochet crecen hacia el espacio). Sus partes, individualmente, no hacen obra: sólo el conjunto diluye etiquetas.
Por último, Valkyrie Marina Rinaldi remite a esas presencias femeninas fuertes y sobrenaturales a partir del textil y el aire, de lo sólido y lo frágil, en referencia a las dos vertientes de la misma experiencia humana. Las valquirias decidían, sin intervenir, el destino de los héroes en lucha; desde su blandura y en su suspensión, éstas determinan también nuestra mirada de las salas del Museo Picasso: más que estar en el espacio, lo conquistan.
Joana Vasconcelos. Gestalt, 2017. Colección de la artista
Joana Vasconcelos. Valkyrie Marina Rinaldi, 2014. Colección de la artista. Obra realizada con el patrocinio de Marina Rinaldi
Joana Vasconcelos. «Transfiguración»
C/ San Agustín, 8
Málaga
Del 29 de mayo al 27 de septiembre de 2026
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