Málaga,
El Patronato del Museo Picasso Málaga ha anunciado la prórroga hasta 2028 de la presentación en su sede, el Palacio de Buenavista, de la muestra “Pablo Picasso: estructuras de la invención. La unidad de una obra”, dada la buena respuesta del público desde que se iniciara en 2024 y su valor como eje de buena parte de la programación de actividades de este centro.
Este recorrido por la producción picassiana, organizado en colaboración con la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso, consta de un conjunto de ciento cuarenta obras del artista, una decena de ellas nunca expuestas hasta ahora en España y todas pertenecientes a su colección privada; se trata de pinturas, esculturas, dibujos, cerámicas y grabados.
La particularidad básica de esta presentación respecto a otras anteriores del mismo centro reside en sus criterios de ordenación: esas piezas no se nos muestran cronológicamente, ni atendiendo a las sucesivas etapas de la trayectoria de Picasso, sino subrayando las inquietudes del autor que pervivieron a lo largo de las décadas, los rasgos que confieren un carácter unitario a su producción, revelan las relaciones entre trabajos de diferentes periodos y esquivan las etiquetas habituales.
La supervisión académica de “Estructuras de la invención” ha corrido a cargo de Michael FitzGerald, profesor de Historia del Arte en el Trinity College de Hartford, Connecticut (EE.UU.), en colaboración con la Fundación Almine y Bernard-Ruiz-Picasso; desde su perspectiva, el legado picassiano en su conjunto está marcado por dos fuerzas de inspiración contrapuestas -innovación y retrospección, esto es, voluntad rupturista y mirada a la tradición- y esos conceptos explican que, al margen de su inmersión en estilos tan dispares como el clasicismo, el cubismo y el surrealismo, podamos profundizar en sus composiciones atendiendo a búsquedas que fueron permanentes, aunque las llevara a cabo por caminos sinuosos.


El planteamiento de esta exposición pretende hacer partícipe al espectador de los procesos creativos del malagueño a lo largo de las décadas, sin fragmentarlos en sus bien conocidas fases (azul, rosa, cubista, clasicista y surrealista), pero también recalca la relevancia de las mujeres en su trabajo; podríamos, incluso, vertebrar su obra en los periodos en que permaneció junto a (o al menos cerca de) Fernande Olivier, Olga Khokhlova, Marie-Thérèse Walter, Dora Maar, Françoise Gilot y Jacqueline Roque, por más que aquí se nos invite a contemplar al Picasso primero, al maduro y al último desde una mirada global.
Conviven, por tanto, sala a sala, creaciones de distintas etapas en las que es posible apreciar una continuidad, o intercambios de técnicas y estilos; distinguiremos saltos que iluminan conexiones inesperadas e ideas arraigadas: la composición más temprana de la primera sala data de la década de 1890; la más tardía, de 1970. Muchos de esos lazos son temáticos: no dejó de cultivar la figura humana, el bodegón y el paisaje, y asuntos como los toros -o los minotauros-, la familia o el erotismo están continuamente presentes en sus piezas, desde diferentes vías de expresión.


Gran parte de los trabajos ahora reunidos proceden de una cesión temporal de la mencionada Fundación Almine y Bernard-Ruiz-Picasso, y la decena de obras inéditas en España que citábamos corresponden a tres óleos, una escultura, una cerámica, tres dibujos y dos cuadernos de estos. De este último conjunto, merece la pena no olvidar fijarse en dos pinturas de la década de los veinte (Paul y Cabeza de mujer); en la escultura Mujer acodada (1933), donde exploró las posibilidades del yeso como material; y un Plat espagnol decorado con una cabeza de toro (1957), cuyos ojos, boca y hocico se sitúan a medio camino entre el rostro humano y el del minotauro; es posible que, como en representaciones parecidas, tenga esta imagen algo de autorretrato. El primer retrato, dedicado a su primer hijo y abocetado, transita entre la sugerencia de la espontaneidad infantil y un clasicismo bello enmarcado en el retorno al orden; en cuanto a Cabeza de mujer, responde a las inmersiones surrealistas en las cavidades oscuras de la psique. Podremos contemplar, asimismo, tres esculturas africanas que Picasso atesoró.
Otra novedad de esta presentación tiene que ver con la museografía desplegada: en nuestro paso por las salas encontraremos cinco pequeñas exposiciones en foco, comisariadas por otros tantos investigadores, que posibilitan nuestro acercamiento en profundidad a cuestiones relevantes en el desarrollo de la carrera del artista, como su relación con la escultura africana (a cargo de Joshua I. Cohen), su pintura sobre paneles de madera (Meta Maria Valiusaityte), sus esculturas en yeso de los años treinta (Rocío Robles Tardío), su vida en París tras la II Guerra Mundial (Blair Hartzell) o el mural que realizó en los cincuenta para la sede de la UNESCO en la misma ciudad (Giovanni Casini).

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